Dicen que con la edad uno se vuelve menos radical, se
relativiza todo, se pierde la rebeldía. Quizá, como en muchas cosas, yo voy a contracorriente
y mi proceso parece ser el contrario. Lo relativo se suele aplicar a
situaciones pero no a conceptos ni forma de ver las cosas. Uno puede tratar las
situaciones con relatividad pero bajo parámetros coherentes, es decir,
absolutos en el sentido menos radical de la palabra. Antes era idealista con
tendencia a lo iluso. Todo esto viene al hilo, como tantas reflexiones mías, de
una o varias noticias aparentemente inconexas pero que motivan análisis
conjuntos. En este caso me refiero al independentismo y el proceso soberanista catalán, que llena los medios de
comunicación y las tertulias, y a una noticia-entrevista que he leído recientemente de una
de las mujeres más ricas de España (la mayor entre los menores de 30 años y entre los no herederos de fortuna) gracias a que ganó hace unos años el mayor
premio de lotería de la historia.
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"Para ser alguien que nunca estuvo hecho a la medida de este mundo, debo confesar que me está resultando difícil abandonarlo; claro que dicen que cada átomo de nuestro cuerpo formó parte alguna vez de una estrella. Quizás no me esté marchando, quizás esté yendo a casa."
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| Fotograma de Gattaca |
Las cualidades innatas frente a la fuerza de la voluntad. La identidad real frente a la impostada, que sin embargo se torna más auténtica. La paradoja de quien es válido no puede valerse por si mismo ni alcanzar metas, y quien no lo es tiene la impagable arma del valor, la adaptación y la voluntad. Uno y otro se tornan uno solo y a la vez antagonistas, en un cambio de roles que paradójicamente es el mismo, con opuestas y a la vez iguales metas: llegar a su destino deseado o a su final inevitable. Todo ello resumido en una escena final magistral, impresionante y casi lírica:
Y en parte gracias a la emocionante banda sonora de Michael Nyman:
A veces vemos tan lejos nuestras metas y anhelos que pensamos que deberíamos ser otro, alguien mejor, distinto, para alcanzarlas. El mundo actual todavía no se rige por el control genético, quizá al fin y al cabo desgraciadamente, viendo el control en el resto de ámbitos socio-económicos, políticos, morales, religiosos... Quizá la genética al menos tenga la potestad de su inmaculado e incontestable origen, de su dictadura natural. Los personajes de la película no luchan contra la genética, sino contra otros hombres, aquellos que tienen privilegios pre-establecidos, los que pueden forjar su destino porque su destino inicial, su estatus, ya fue prefijado. Los protagonistas luchan por ser libres, por demostrar lo que son o lo que valen sin aditamentos pero de manera clandestina.
Gattaca nos enseña muchas cosas, no sólo cómo hacer un film magistral. Nos enseña a analizar la génesis de la condición humana, sea más o menos artificial, más o menos pre-creada. La voluntad vence a la "cuna", pero también necesita de esa tecnología y genética, de esos fluidos que a la vez les delata y les cubre de su condición. La escena recurrente de la carrera a nado en mar abierto entre hermanos, uno válido y el otro no-válido, resume perfectamente la base de la historia. El "imperfecto" siempre vence; su hermano le pregunta cómo lo hace. Él responde: "Nunca me reservé nada para la vuelta".
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| Fotograma de Gattaca. Esa escalera como metáfora genética. |
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