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Cuanto más vivo menos entiendo al ser humano, pero paradójicamente más clara se muestra la condición humana como el corsé al parecer inamovible que evitará que algo mejore sustancialmente. 

Me levanto un día más entre la tónica imperante los últimos meses: recortes, protestas y mares de letras y palabras de economistas, políticos y tertulianos sabelotodo. 

Partamos de una premisa: el ser humano se debate entre la solidaridad hacia el prójimo y el beneficio propio. Es en esa dicotomía donde seguimos instalados en la hipocresía, la estupidez, el inmovilismo o el sectarismo, cuando no todos a la vez. 

Hablemos claro: la crisis era inevitable porque la condición humana lo es, porque es reflejo de nuestra idiosincrasia e instinto. La fiesta se acabó, todos la disfrutamos, y ahora buscamos el culpable que rompió algo o que ensució la alfombra; quizá fue alguien borracho, pero es que había barra libre. Cierto es que al final los que más tienen siguen teniendo más y las clases media y baja pagan el pato, pero dichas clases por aceptación o resignación han alimentado el sistema que les ha provocado su mejor o peor situación. Se llama democracia, su democracia, la que nosotros hemos aceptado sin rechistar.

Ahora todos somos solidarios, justos y indignados, pero cuando había fiesta cada uno se divertía a su modo sin mirar el bosque. Pronto al colilla prendió y "sálvese quien pueda". Ahora vamos de activistas proletarios cuando, no nos engañemos, hemos intentado como buenos humanos trabajar menos y ganar más, pedir créditos para poseer más bienes materiales y velar por los nuestros como se he hecho desde que el hombre es hombre, o sea, mono. Somos, seguimos siendo, milenios después, sectarios y tribales.

Para muestra un botón: loable la actitud de los mineros asturianos en defensa de lo suyo, por supuesto, como buenos humanos, repito. Al menos le echan un par y luchan con lo que haga falta por mantener su situación. Lo fácil es levantar el puño y darles ánimo, pero por debajo de la superficie del buenrrollismo progre, donde todos somos de lo más proletario y de lo más comprometido con la lucha de clases, no dejamos de ser fruto de un sistema que nos ha creado a su imagen y semejanza, con un trastorno bipolar alucinante en el que todos somos muy de izquierdas pero estamos como pez en el agua en un mundo dominado por los mercados y el consumo.

No sé si es que estamos ciegos o preferimos no ver la realidad para no quedar mal ni ser políticamente incorrecto. La minería, como otros sectores, es algo ya insostenible. De los más de 50.000 trabajadores que hubo, ahora sólo quedan unos 4.000, sobreviviendo a golpe de subvención y en pro de la paz social y el voto en la urna. No saben hacer otro cosa, pero no son culpables de ello. El inmovilismo depende de uno pero también se fomenta, y el Estado no ha sabido o no ha querido reformar el sistema productivo de estas u otras zonas y ahora estamos como estamos. Mientras, los mineros pensaban que su mundo era eterno, pero nada lo es. Ahora nos solidarizamos con ellos y ole sus huevos por hacer lo que hacen, pero jalearles es sólo el acto reflejo de lo que nos han enseñado, no la realidad. 

La realidad: es un trabajo durísimo, sí, no es estar en una oficina tecleando, pero todo es relativo, porque ellos al menos tienen trabajo hasta el 2018 por ahora, cobran más de 2.000 euros mensuales, tienen jubilaciones ventajosas y para como está el panorama se pueden considerar privilegiados porque sólo saben hacer eso, por duro que sea. Sin embargo, de los cinco millones de parados y más de un millón sin subsidio nadie se acuerda ni jalea, porque no ponen barricadas ni hacen marchas (quizá deberían hacerlo, como han hecho los mineros asturianos); de la mitad de los jóvenes españoles que no tienen empleo y que sí están preparados para  hacer múltiples tareas de valor añadido con futuro, por ellos nadie sale a la calle, ni ellos mismos, demasiado ocupados en buscar empleo o emigrar, cosa que ni quieren ni les es necesario en las cuencas mineras.

Es predicar en el desierto, no obstante, como siempre, porque mañana amanecerá y todos seguiremos participando de este enorme caos que es esta crisis sistémica, donde los poderosos ya están sentando las bases de un nuevo orden en el que ya no seremos tan protagonistas como en las últimas décadas, pasando de alfiles a meros peones. Como dioses del Olimpo, ven como los simples mortales de abajo seguimos conformándonos con pequeñas dosis de dignidad, sin pasarnos, pero que a la mínima oportunidad nos convertimos en la viva imagen del sistema injusto que en teoría queremos derrocar.

Los mineros han llegado a Madrid. Rajoy y su gobierno siguen con los brutales recortes impuestos por Bruselas. Es más fácil apoyar a unos miles de mineros que ir todos al Parlamento y decir basta de una vez ¿verdad? Es más fácil decir lo que la gente quiere oír en las tertulias que empezar a cambiar esto de verdad. Pero lo primero es guay y te pagan y lo segundo es sucio y peligroso.

Mañana los mineros habrán conseguido una prórroga más de algo insostenible: bravo por ellos, porque van a lo suyo, pero ¿y el resto? Ni se nos ve ni se nos espera. Con ir junto a ellos unas horas ya tenemos el cupo para varios meses.

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(Y todo porque simplemente el flujo de caja en un banco, en vez del 100%, es del 2%, y un día Nixon anunció el fin del patrón-oro. Pero por eso nadie sale a la calle, simplemente porque no nos informamos, no nos interesa o no queremos entenderlo, cuando es la clave de todo esto, la clave de que estemos como estamos. Nadie leerá sobre ello porque es árido y es más fácil discutir si la noticia de los mineros es portada en El País y un breve en ABC o viceversa; es más fácil perder el tiempo entre las chorradas progres y las fachas, las dos caras de la misma moneda. Sigamos así...).
El verano toca a su fin y volvemos con renovadas fuerzas y esperanzas. Un verano más de playas abarrotadas, paellas humeantes, terrazas llenas de conversación, de proyectos y miedos. Todo apunta a que el momento se acerca. Todo indica que, aunque se está alargando, la fiesta toca a su fin y un nuevo tiempo se acerca; este otoño será el prólogo. Muchos lo dicen, pocos lo tienen en cuenta o al menos esperan acontecimientos. Seguimos con nuestra vida, sin apenas modificar conductas, costumbres e ideas, mientras el mundo se dirige a otra cosa que aún no se vislumbra con claridad. Si a eso añadimos que los primeros pasos pequeños o grandes ya se están dando, como por ejemplo la reforma constitucional para el control de déficit y lo digerimos como una noticia más, nos da una idea del limbo en el que aún moramos. 

Más control, directrices supranacionales, modelo productivo que no absorberá la mano de obra parada, escasez de crédito, deudas impagables, etc, etc. Vale, todo eso es cierto y lo que nos queda pero abogo por defender, remitiéndome a otras épocas críticas, el vaso medio lleno, el horizonte de oportunidades aunque sólo se vea un desierto yermo. Sí, sabemos que quedará impune mucho chorizo, que pagan justos por pecadores pero si no se cambia la actitud, el chip que se dice hoy en día, se seguirá fuera de juego y darás la razón a aquellos que dicen que cada uno tiene lo que se merece.

Veamos: la crisis crea nuevas oportunidades, te hace cambiar de vida y eso suele ser positivo a tenor de cómo lo hemos hecho individual y colectivamente estas décadas; la crisis hace desaparecer lo superfluo para dar protagonismo sólo a lo esencial y necesario; la crisis agudiza el ingenio, te hace ser más competitivo, querer aprender más, socializarte más, indagar, buscar, preguntar...; la crisis abarata costes y surgen infinidad de descuentos, las cosas empiezan a costar lo que valen y no lo que la gente está dispuesta a pagar por ellas; la crisis, en definitiva, te hace soltar lastre, deshacerte de lo innecesario y salir de pozos en los que tú mismo te metes en tiempos de bonanza; es aire fresco, renovado, aunque huracanado; aguas nuevas aunque bravas. 

Ya sé que cada caso es un mundo y mucha gente que está sufriendo puede ver esto como absurdo. No lo es, por la sencilla razón de que el sufrimiento implica inteligencia y ésta siempre mira hacia delante y está al acecho; porque paradójicamente, al igual que el respirar te da la vida pero a la vez oxida tus tejidos y te lleva a la muerte, el sufrimiento es el peaje por la inteligencia pero la mejor arma para seguir adelante y reinventarse. 
Como cada día sigo ojeando la actualidad económica: cifras de paro en EE.UU., aumento de su deuda, Portugal y Grecia al borde de la quiebra, España e Italia en el punto de mira... Si os fijáis hasta los más optimistas, los que creían que esto iba a pasar y que era una crisis más se han acostumbrado ya a este estado de estable inestabilidad, de progresiva decadencia. Por supuesto no estamos en 1929 y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se creó para bien o para mal un sistema al que aún podemos agarrarnos aunque sea mirando de reojo al precipicio.


En la película Titanic el protagonista, Leonardo Di Caprio, encaramado a la popa del mastodóntico barco, ya a punto de hundirse por completo, expresaba lo que era ya inevitable: "Esto se acaba". Por otro lado un alivio, porque la peli duraba casi tres horas.




Pocas películas son tan perfectamente extrapolables a lo que estamos viviendo: el que no haya conseguido un bote salvavidas estará abocado al ahogamiento rápido o a la congelación más lenta en sus heladas aguas. Lo malo es que los botes están ocupados por la clase alta (aunque, justicia divina, muchos también perecieron porque no había lugar para todos). El trasatlántico era un perfecto reflejo de la sociedad que le vio nacer, con sus estrictas divisiones sociales. Al final todos pagaron un precio alto por su altivez, por la fe ciega en una nave que pensaban indestructible. El mar no hizo distinción de estatus, pero la concepción social de la época sí dictó un balance favorable en favor de los que más tenían, mientras la plebe esperaba su final. La orquesta siguió tocando hasta el final.


Hoy, en su columna diaria en La Carta de la Bolsa, el Catedrático de Economía Santiago Niño Becerra, del que ya hemos hablado aquí, acusado de alarmista, sigue siendo la voz agorera pero certera de la situación. No obstante, al contrario que los políticos -que no pueden- y los economistas y financieros -que no quieren- da pautas y soluciones que me temo, tarde o temprano, habrá que abordar. Transcribo parte de lo dicho en su columna de hoy



"Me preguntan: ‘¿Pude detenerse esta sangría, la sangría que se está produciendo deudas y valores?’.
Respondo: ‘Sí, pero aún no ha llegado el momento de hacer lo que, pienso, se tiene que hacer’.
Vuelven a preguntarme: ‘Y, ¿qué es?’.
Esto:
1 – Que USA, la UE, JPN, PRC, UK y los petroleros de Oriente Medio se sienten alrededor de una mesa.
2 – Que se decidiese un cierre de los mercados de un mes en todo el planeta.
3 – Que se congelen los tipos de cambio.
4 – Que se acordase poner encima de esa mesa toda la porquería que tienen las entidades financieras en sus balances y fuera de sus balances.
5 – Que se interviniesen las entidades financieras cuya posición es insostenible.
6 – Que se analizase ‘pela a pela’ la deuda total de, de entrada, quienes se han sentado a esa mesa, la que deben y la que les deben.
7 – Que se regulase la emisión de todo tipo de oferta monetaria.
8 – Que se acordase una amnistía fiscal total y completa y que a partir de ese momento el fraude fiscal se persiguiese a sangre y fuego y los paraísos fiscales fuesen invadidos por la 6ª División Aerotransportada británica una vez resucitada para la ocasión.
9 – Que se acordase -e inmediatamente se pusiese en marcha- que en cada país se fuese realizando, con criterios técnicos, no políticos, un análisis de la eficiencia del gasto, y que se casasen necesidades e ingresos, y plantillas también, si, y sí, metiendo en el saco a los miembros de la función pública: ¿por qué se ha de echar a la puta calle a una/un contratada/o eficiente y óptima/o y se ha de conservar a una/un funcionaria/o incompetente?.
10 – Que se estipulase la coordinación logística de los flujos de commodities de forma que se cuadrasen disponibilidades y demandas necesarias.
11 – ¿Las agencias de calificación?, ya saben: las quieren a censurar."

Pues eso. Si no os habéis podido colar en algún bote salvavidas, recuerda que no hay para todos. Evita que te succione el barco cuando se hunda y busca una tabla, un baúl o cualquier cosa que flote. Y espera... 
Despedimos el 2010 en apenas unas horas y en un ejercicio de originalidad toca hacer balance y al mismo tiempo vislumbrar lo que nos deparará el 2011 y qué hacer para evitarlo...

No sólo se nos va un año sino una década: la primera de un siglo que auguraba grandes cosas y que poco a poco está tornando en una época oscura que probablemente marcará un punto de inflexión en el devenir humano. La incógnita es si será un punto de impulso o de retroceso.

2010 pasaría a la historia como un año de crisis si no fuera porque el año anterior también lo fue, y es más, el que casi abrazamos ya va camino de lo mismo. Apenas nos damos cuenta de que nos hemos acostumbrado a esta situación a tenor de la escasa o casi nula respuesta de la opinión pública, más allá de los cauces y tonos habituales. Las crisis sistémicas, como es ésta que nos ocupa, no son "baches" que se sortean o se pasan por encima y listo. Son el final de un camino que te obliga a saltar al vacío o dar la vuelta. ¿Qué haremos?...

Por ahora parece que esperar, tanto víctimas como verdugos. Una guerra fría que cada vez se calienta más; un modelo que parecía insumergible pero que se ha topado con un iceberg que sólo muestra por encima de la superficie una parte de todo su volumen.

El 2010 no ha hecho sino confirmar un secreto a voces. En vez de abandonar el barco para salvarnos seguimos achicando el agua. Los errores y abusos de unos pocos lo pagan los demás y sin rechistar por ahora: impuestos, recortes, jubilación más tardía, economías intervenidas, llamamiento a "arrimar el hombro". La tripulación y los camarotes de primera quieren salvar el culo a costa del pasaje de segunda y tercera. Todavía creen que la nave es salvable y lo que es peor, los que van a ser sacrificados también.

Muchos analistas ya advierten de que el proceso sigue su curso, imparable, y que tarde o temprano hasta los más dóciles darán un golpe en la mesa y se echarán a la calle (está ocurriendo ya en Reino Unido, Francia o Italia pero aún son sólo ligeros arañazos). No obstante, a tenor de lo que se ve tecleando "lo que nos depara 2011" en Google, no parece haber demasiada preocupación: tendencias de moda, horóscopos chinos, novedades en consolas y series de televisión...

Todo apunta a que 2011 será más de lo mismo. El proceso es lento pero seguro, acostumbrándote poco a poco a algo que anteriormente no veías normal. Ninguna hecatombe se cierne sobre nosotros y como los hidalgos de las novelas de caballería podemos seguir alzando nuestro porte obviando cualquier atisbo de decadencia.

En definitiva, un sistema que toca a su fin, pero ¿en todo el planeta? Hay una denominación llamada BRIC, que engloba a casi la mitad de la población mundial (Brasil, Rusia, India y China) a los que les ha llegado su momento tras una "era europea" que ha dominado el devenir mundial desde el Imperio Romano. Que sea un sistema imperfecto no significa que sea malo, al menos para crecer sin pensar en el mañana. Nosotros lo hicimos; ellos reclaman ahora su derecho y lo están haciendo con ahínco y esmero.

El mundo occidental, o mejor dicho el europeo, ya que los principales países desarrollados fuera de Europa no son otra cosa que antiguas colonias, sigue por tanto sirviendo de modelo. No obstante ya no seremos los protagonistas. Mientras vemos prosperar a los otrora parias nos consolaremos viendo que nuestro modelo aún está vivo. Lo malo es que es insostenible para todo el planeta. Es un juego en el que para que uno gane el otro debe perder... Las cumbres climáticas no hacen sino confirmarlo.

¿Será demasiado tarde para rectificar? No, sólo habría que modificar unas pocas cosillas sin importancia, a lo que no parecen estar dispuestos ni nuestros políticos ni nosotros mismos:

1º Un radical cambio de modelo educativo: una sociedad sin la adecuada educación tiene un cáncer terminal. Sin la base educativa no hay posibilidad ni de plantearse el resto. Con ella, se podría abordar

2º un no menos radical cambio de modelo político, basado en el gobierno de los mejores. Conseguido el marco político se podría abordar

3º una limpia total de la corrupción, estupidez e ineficacia en todos los órdenes (legistlativo, judicial, social...). Conseguido esto se podría abordar al fin

4º la instauración de un sistema basado en la justicia, la efectividad tecnológica y la realización humana.

No es tan difícil. Sólo habría que dejar de inyectar pasividad en vena y liquidez a bancos y Freddie Maes de turno.

La encrucijada está servida. Las murallas están asaltadas mientras seguimos tomando el té en nuestros aposentos.

Pero dejemos ya el 2010. Miremos al futuro y como apuntaba al principio hablaría de lo que nos puede deparar el 2011: será mucho más breve porque me temo que más de lo mismo. No obstante querer es poder y aunque predique en el desierto quiero empezar el nuevo año quedándome a gusto, así que ahí van mis recomendaciones para capear el temporal, prepararse para el futuro y de paso ser más feliz incluso:

- No te importe el qué dirán ni hagas caso a lo que dice y hace la mayoría. Rema contracorriente y acertarás.

- Trabaja para vivir y no vivas para trabajar. Intenta trabajar en lo que te gusta y si no lo sabes prepárate bien, especialízate o emprende. En cualquiera de los casos, se acabó el estado de bienestar, amigo.

- Huye del crédito y si tienes alguno deshazte de él, especialmente hipotecas. Paga sólo por lo necesario y al contado. Y es que más te valdrá tener movilidad porque te dará la libertad para decidir cómo y dónde vivir, sin depender de un guión establecido que luego puede no ser la última versión.

- Convierte todo lo que puedas en activos, en dinero contante y sonante. ¿Para qué quieres la casa llena de aparatos, dvds, cds, ropa de marca, etc?. Todo está digitalizado y gratis sin ni siquiera tener que descargártelo ilegalmente. No te lo doy mascado, está todo en internet. Encima la revolución cibernética y la propia crisis ha traído toda una oferta outlet, de segunda mano e incluso trueque. ¿Y qué pasa con los que venden, con la oferta, con la vieja regla de fomentar el consumo? Si es que aún no lo ves...

- Vive en definitiva dentro de tus posibilidades. No significa malvivir, al contrario: con los puntos anteriores habrás conseguido el efectivo y la forma de vida adecuada para disfrutar de verdad de las pequeñas grandes cosas, prosperar de verdad y quitarte preocupaciones.

- Enseña a tu familia y allegados estas pautas y poco a poco se logrará un cambio paulatino desde abajo. Si no quieren, no hace falta romper con ellos pero mantén las distancias.

Con todas estas decisiones ya verás como tendrás más tiempo libre, dinero y en el peor de los casos armas para capear el temporal. Vamos, que serás más feliz aunque te dé miedo serlo o pienses que no te lo puedes permitir; de paso pondrás tu granito de arena para que esto empiece a carburar como es debido.

Pueden parecer pautas de locos y desde luego lo son si lo enmarcamos en la coyuntura que hemos vivido desde la Revolución Industrial. Pero el juego ha cambiado y con ello las reglas y las fichas. Bueno, llamadme aguafiestas, aunque creo que ya sería un logro tal denominación en vez de la total indiferencia. Por mi parte ya me estoy aplicando el cuento.

2010 nos abandona y tanto los que ganan en esta timba planetaria como los que pierden o sobreviven, por causas muy distintas, le despedirán con alivio. El 2011 podrá ser mejor o peor pero nunca bueno porque en el peor de los casos todo seguirá igual, esperando una lenta decadencia, y en el mejor la sociedad despertará y se dará cuenta de lo que hay que acometer; entonces el 2010 nos habrá parecido un paraíso.

¿Despertamos?...

Ah, Feliz 2011.
Balzac dijo una vez muy acertadamente que "la resignación es un suicidio cotidiano". Estoy de acuerdo, no hay más que ver las caras cuando salgo a la calle. Aún así, esas caras no coinciden luego con sus discursos, opiniones ni actos. He insistido aquí alguna vez, y lo reitero, que culpables les podemos buscar y encontrar en casi todos los ámbitos, pero hay que empezar por uno mismo. Cuando diagnosticas el problema, encuentras su solución y aún así persiste, es que lógicamente no se está haciendo lo que hay que hacer. Lo fácil o difícil, según se mire, es culpar a los máximos responsables, a los políticos, a los economistas, a los empresarios, a los sindicatos, a los medios de comunicación, pero que yo sepa todos ellos, por más poder que tengan, necesitan de todos nosotros para existir, de nuestros votos, de nuestro trabajo, de nuestra credulidad, de nuestro inmovilismo.

Queremos que las cosas cambien pero no hacemos nada para cambiarlas; es más, alimentamos los argumentos con los que pretendidamente queremos luchar. Vagamos por el desierto y en nuestra desesperación vemos oasis irreales, espejismos de unos anhelos que nunca llegan, sin otra salida que seguir avanzando bajo el tórrido sol. Obligación y a la vez ilusión. No puedes ni quieres parar. Tu camino es calvario pero antesala de un paraíso según tú próximo.


Pero no os preocupéis, no toda la culpa es nuestra. El Sistema hace muy bien su trabajo: todo encaja para que cada mañana nos levantemos y le abracemos. Hace agua por todas partes, pero parece el único modelo posible y nosotros nos lo creemos, porque no obstante tenemos nuestro pan y circo elevado a la enésima potencia. Nos lo creemos porque podemos criticarlo abiertamente y es más, pensamos que podemos cambiarlo (no en vano vivimos en democracia ¿verdad?); nos lo creemos porque hay una aparente pluralidad informativa que vigila el cotarro, el cuarto poder, pero no se especifica nunca si está al margen de los otros tres o es el cuarto brazo del Sistema. Nos creemos todo y criticamos todo al mismo tiempo, sin criterio, como hacen los que nos gobiernan en cada minuto de nuestra vida, precisamente porque somos causa y consecuencia de ese sistema, un círculo perfecto en el que somos indispensables y a la vez innecesarios, cómplices y víctimas, mérito de ellos y permisividad nuestra. Y es que:
  • Criticamos continuamente a los políticos por su ineptitud e inmovilismo, pero no nos damos cuenta de que es fruto de una falsa democracia en la que seguimos participando cada cuatro años con cargas ideológicas desfasadas.
  • Criticamos continuamente a los empresarios por su injusticia laboral, pero no nos damos cuenta de que es fruto de nuestra rancia mentalidad de asalariado esperando el espejismo de una vida mejor, con lo que seguimos participando como el que más en la mentalidad empresarial que queremos denunciar.
  • Criticamos continuamente a los economistas y especuladores financieros por su oscurantismo y falta de escrúpulos, pero no nos damos cuenta de que es fruto de un sistema sostenido por nuestra forma de vida basada en la promoción sacrificando tu calidad de vida, en el vivir de las rentas sacrificando tus potencialidades, o en el dinero fácil sacrificando la solidaridad y la ética.
  • Criticamos continuamente a los sindicatos por sus contradicciones y acomodamiento, pero no nos damos cuenta de que es fruto de un sistema laboral que viene de la lejana revolución industrial, cuando no anterior, con lo que seguimos reivindicando derechos y avances incompatibles con una nueva era de la que queremos sacar tajada pero no adaptarnos.
  • Criticamos continuamente a los medios de comunicación por sus posicionamientos partidistas y su información sesgada y manipulada, pero no nos damos cuenta de que es fruto de una libertad de expresión tan particular, que al final va contra los principios en los que parece basarse. Nos creemos todo lo que nos cuentan porque sí o porque no hay tiempo para buscar la verdad de los hechos o porque nos interesa o porque nos han educado así, es decir, han hecho bien su trabajo.
  • Criticamos, en definitiva, el sistema día tras día, pero no nos cuestionamos su existencia, porque nos ha dado tantos disgustos como coartadas, como ese padre exigente con los horarios, que nos da un cachete de vez en cuando, pero que nos protege de cualquier contingencia y nos da techo.
No quiero extenderme más, porque en futuras entradas abordaremos más pormenorizadamente estos temas, pero el mensaje es claro: tal como están las cosas, no podremos cambiarlas si seguimos las reglas del sistema que pretendemos criticar algunos y derrocar otros. Aquí surge el concepto de revolución, otra palabra tan mal usada y peor ideologizada. Revolución es luchar contra la involución cuando la evolución no es posible, porque para que hubiera verdadera evolución tendría que haber unos principios y bases sólidas que aún no existen, aunque creamos que sí. Porque el creer que sí las hay nos permite seguir un día a día incompatible con nuestras reivindicaciones. Estar en misa y repicando.


Empecemos a despojarmos del borreguismo falseado con algún que otro balar y a quitarnos la mugre ideológica que antes al menos era acto pero hoy en día no es más que una fachada, una excusa para pertenecer a algo y no hacer.
Hagámoslo y las opiniones vertidas aquí o en cualquier otro lugar tendrán por fin un valor nuevo, lejos de toda contradicción o contaminación, fieles al título de este blog. Quizá seamos pocos, pero al menos el resto verá que no caemos en los mismos errores, en los mismos espejismos.
Qué decepción. Esperaba un análisis revelador y sacar conclusiones jugosas. El título era extenso pero sugerente: "Lecciones aprendidas de la crisis económica japonesa y similitudes con la conyuntura económica actual", conferencia organizada por la Fundación Ramón Areces. El ponente no podía ser más autorizado, el ex Ministro de Interior japonés y ex Viceministro de Finanzas, Heizo Takenaka. Exposición árida la suya, llena de cifras macro pero sin el fondo comparativo que nos prometían. ¿Lo mejor? La intervención previa de otro ilustre ex ministro que os sonará más, Josep Piqué, las acertadas preguntas finales de los asistentes y la perlita-titular final que dejó el señor Takenaka ante una de ellas: "Imposible para los políticos entender las finanzas". Pues con eso nos quedamos. Desde luego escuchándole nos creíamos su afirmación y al menos se agradece su honestidad tan propia de aquellos lares.


No oculto mi admiración por el pueblo nipón: por sus logros, su tecnología,su forma de trabajar y de ver la vida. De ahí que las expectativas fueran altas. Sabemos que Japón lleva años estancada (ya me gustaría a mí estar estancado como ellos). Igualmente sabemos de sus bondades productivas, su capacidad tecnológica, su mano de obra cualificada. Un país en recesión, sí, pero que rara vez ha tenido una tasa de paro superior al 5 %. Paradojas de la economía, o mejor dicho del modelo productivo, como apuntaba acertadamente Piqué, lanzando una esperada puyita al gobierno de Zp. Esperábamos entonces lecciones aprendidas y consejos, como rezaba el título de la conferencia, pero nada de eso hubo. Pura retórica política.


Te reafirmas entonces en que la clase política no distingue de calidades, que son causa. Al menos esperabas que el señor Takenaka nos dijera cómo imitarles en lo mucho bueno que tienen, pero eso era ponerse en evidencia. Allí, por mucho que se empeñen los gobernantes, el paro no se dispara al 20 % por ejemplo... Josep Piqué le preguntó sobre ello, era obligado. El ex ministro nipón señaló a su colega varias medidas: ayudas directas al empleo, división de la demanda, control de la inflacción; añadió la depreciación de la moneda pero obviamente no es posible ya.


Heizo Takenaka se limitó durante su intervención a recorrer cronológicamente la historia económica de su país en las tres últimas décadas y las medidas que se tomaron, especialmente durante su etapa en el gobierno a principios del 2000. Japón, tercera economía mundial tras EE.UU. y China y tercera potencia exportadora tras China y Alemania, lleva tres décadas de recesión técnica con esporádicos intervalos de mejora. Su productiva y tecnificada economía no impidió que sufriera una crisis similar a la vivida ahora: caída del Nikkei y de los precios en los 80, burbuja inmobiliaria, inyección de dinero a los bancos a finales de los 90, pérdida de confianza... ¿os suena?


Comenzado el milenio, y con Takenaka formando parte del gobierno, las medidas dieron algunos frutos que no duraron mucho. El problema bancario continuaba, a pesar de inyectar el gobierno dinero equivalente al 5 % del PIB. Depreciación de moneda, escándalos financieros, burocracia excesiva..., nos sigue sonando.


Afortunadamente, como pasa en este tipo de eventos, hay turno de preguntas y suele ser más fructífero que la charla en sí, resgringida como en este caso a un plano discurso. Inteligentes preguntas de preparados asistentes que hurgaron en las heridas de Davos, la especulación bursátil y la incompetencia política. Eso sí, como buen político anunció un nuevo Bretton Woods para cambiar las reglas de juego. Y es que era japonés, sí, pero político y doctorado en Harvard...
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