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Votar, decidir, protestar, luchar, conservar, desear, renunciar... Desde la Segunda Guerra Mundial el ciudadano se convirtió en el "rey", en el bien necesario, en el paradigma de consumidor libre. Era necesario para ir a más, producir más y las democracias occidentales proporcionaron un acomodo de aparente libertad y futuro para todos. El sueño se desvanece, pero no sólo por el abuso de las élites, que también, ni por la corrupción del poder, que también, sino por la contradicción, pasividad o aquiescencia del ciudadano, convertido en paradigma de un cuadro clínico psiquiátrico.

No vamos a rascar la superficie de los acontecimientos que marcan el devenir actual, de uniones económicas y monetarias al servicio de las grandes corporaciones y entidades bancarias, de países en quiebra en parte por apretarles tanto las tuercas, en parte por su inconsciencia. Tan culpable es el timador como el que se deja timar, porque detrás de ese timo siempre está la codicia, el ganar sin esfuerzo, el tener más e ir a más pero sin sacrificios. Jugamos con el trilero y luego le reprochamos el habernos engañado.

El sistema ha creado una red que se interconecta y retroalimenta para seguir ubicados en la caverna de Platón actual: seguimos mareados con las sombras que proyecta una realidad ajena a nosotros. Lo grave es que en el mito platoniano los que contemplaban las sombras no intuían siquiera la existencia de la realidad que había detrás; nosotros la conocemos o al menos la deducimos, y sin embargo nos mantenemos mirando hacia esas sombras. Sólo miramos de reojo la realidad y nos indignamos pero nunca nos damos la vuelta del todo, quizá porque esa realidad, aunque fuera mejor, supone un cambio tan radical que no estamos dispuestos a afrontar.

Así las cosas seguimos cabalgando en caballo desbocado, deseando asir las riendas y descabalgar al mismo tiempo. Si controlamos al caballo nos llevará o le conduciremos a donde en realidad no queremos ir y si caemos podremos malheridos emprender el camino requerido aunque duro, largo y a pie. La igualdad, justicia, progreso y dignidad que tanto reclama el ciudadano ya no parece que siquiera él mismo se lo crea, totalmente alienado por su educación y aburguesamiento, provocando la continua contradicción entre un deseo de cambio y otro de conservadurismo.

Ese era el objetivo. Esa dualidad personal se transmite en el sistema "democrático", en lo público y en lo privado, creando una maraña de contrapesos siempre beneficioso al sistema, aunque parezca que lo desestabiliza. Deseo de mejora colectiva sin menoscabo de su situación personal. Es el homo economicus con la coraza de la tecnología al servicio de ese alienamiento y sentido acrítico o pueril de la realidad. Todo ello se refleja en lo relativo de los cambios, basculando entre lo malo y lo peor, sin dejar de confiar muchos en partidos corruptos y otros sin apoyar del todo a un cambio real, sea mejor o peor el remedio que la enfermedad.

Hay que admitir de una vez que el cambio empieza por uno mismo, por su vida cotidiana, por su planificación, su coherencia en los actos y su lugar en el mundo. El ciudadano en el fondo se ha creído el centro a pesar de que se sienta desplazado y ninguneado. La respuesta a esa dualidad es sencilla: se le ha educado para eso. Era la clave para que la élite, el poder político y económico sobreviva a lo que ha de venir, sin menoscabo de sus intereses. Para ello era necesario un escenario cambiante donde parezca que el ciudadano puede decidir o cambiar de raíz las cosas. El truco está precisamente en que es así pero no lo va hacer, demostrándose cierto el experimento de dependencia, abriendo la jaula para encontrar esa libertad ansiada pero quedándose finalmente dentro de la jaula ante el pánico a esa misma libertad.

El tiempo como siempre dirá quién venció. Pero en esta lucha no hay medias tintas y se necesita coraje y coherencia, sin abrazar el pesebrismo de unos o la revolución sinsentido y confrontadora de otros, porque eso es lo que se busca siempre y se consigue: la división, la confrontación ideológica absurda apoyada en referentes personalistas que son los primeros que no creen en ello, mero instrumento para conseguir lo que cualquier manual de politología apunta: el poder.

Al igual que una familia no decide por consenso qué hacer con un familiar enfermo, sino que lo decide el médico o el cirujano, el ciudadano no puede tener la responsabilidad de decidir por lo más trascendental, no porque no pueda o deba, sino porque él mismo con sus actos individuales y cotidianos demuestra ni siquiera quererlo en el fondo. Es la esencia misma del ciudadano desquiciado, del querer y no poder y del poder pero no querer.

El desquiciamiento viene de esa dualidad, de dos opciones, de escoger una u otra cuando la clave es coger lo bueno de una y lo bueno de otra. El problema es que no dejan o más bien fomentan el creer que no dejan, continuando con efectividad la caverna platónica. Siempre elegir, siempre contra algo, siempre decidir mal. Pero da igual, porque nunca se decide de verdad.

Cuando dejemos de mirar las sombras y darnos la vuelta; cuando veamos la realidad; cuando analicemos con objetividad y no con confrontación como nos enseñan a hacer; cuando hagamos eso, entonces sí podrá haber un cambio, sí podrá crearse una sociedad medianamente civilizada y justa.

Es indudable el daño que ha hecho el sistema de ir a más, el de tener más, el de participar pero sin mojarse, el de los abusos políticos y económicos, el de la corrupción, pero no olvidemos que todo ello lo realizan seres humanos como nosotros, que el mal mayor es provocado por males menores provocados por nosotros mismos; que bajo ciertas corrupciones hay por detrás familias, amigos o nosotros mismos que vemos, obviamos y aceptamos hechos menores que alimentan los mayores. Que todo está interconectado.

Quizá en el fondo el ciudadano no esté tan desquiciado, sino más bien frustrado y perdido. Porque sabe que la historia y el desarrollo no se para y lo único que le queda tras conseguir su mayor o menor acomodamiento en el mal llamado estado del bienestar es protestar por esa pérdida pero sin cambiar uno mismo, al margen de que paguen los mayores causantes de tal decadencia. Pero esa decadencia, como ocurrió en Roma, fue fruto de todas las capas de la sociedad. Quizá en el fondo sabe que la tecnología va a revolucionar todo, que aunque viviéramos en un mundo más igualitario y justo no cambiaría el hecho de que lo de antes ya no va a valer. Quizá sepan, sepamos, deberíamos saber, que el camino a tomar sería duro durante un tiempo pero fructífero al final. Pero el ser humano no tiene paciencia, porque quiere más con menos, porque quiere algo ya y porque el tiempo se nos escapa entre las manos. Quizá por eso estamos donde estamos, nos han colocado donde estamos pero nosotros hemos contribuido a ello.

Sólo queda cambiar, evolucionar, pero de verdad, dejándose de enfrentamientos ideológicos. Sólo así se cambiaría de verdad a la élite. No obstante por algo lo son, y siempre, siempre, tienen un plan B... y nosotros siempre picamos. Puñeteros trileros...
La mal llamada democracia dictó sentencia, la misma una y otra vez. Pasé por Sol y sólo había rescoldos del 15M alrededor de una hoguera improvisada, con ya los rescoldos físicos de hojas y cartones que arrojaban con frustración. Siempre he dicho que la frustración mueve el mundo, siempre presente de una u otra manera en lo que se supone que hace mover la rueda humana: poder, dinero, amor... ¿Para qué han servido días y días de acampada, de gritos, debates y propuestas? ¿Dónde estaban el domingo noche? Jamás había visto el centro de Madrid tan desierto. Todos, vencedores y derrotados en sus papeles a cada lado del cuadrilátero, con unas cuerdas que delimitan la lona convertidas en muros infranqueables. Aquellos miles que otrora clamaban por un cambio de sistema siguieron contribuyendo a él "cívicamente".






Casi las tres cuartas partes de la ciudadanía votaron pastilla roja o azul, aunque poco importa en el fondo cuando tenemos una ley electoral hecha para el bipartidismo y la bisagra nacionalista. Partidos que necesitan el triple de votos para conseguir el mismo escaño; partidos nacionalistas que con tres veces menos votos que otro de carácter estatal obtienen grupo parlamentario propio; partidos que con una ley electoral equitativa tendrían más del doble de escaños de los conseguidos. Como veis no doy nombres, para qué. No ya porque sepáis de quiénes hablo, sino porque incluso si esto no fuera así daría igual, porque al final la estructura está construida para quien verdaderamente maneja esto sea el poder financiero.


Hace unos días hemos asistido a la caída de Berlusconi y la imposición de un gobierno de corte tecnócrata. Es sólo un paso más del devenir de esta crisis sistémica, de un proceso que parece no ha hecho más que empezar y no sabemos adónde conducirá. Tenemos precedentes de este tipo de crisis que se repiten cada x décadas con inquietantes similitudes en cuanto a consecuencias económicas, conflictos bélicos y restricciones en general.


No deja de ser paradójico que se critique por igual el tipo de democracia que tenemos y las alternativas como la tecnocracia. Una por defecto y la otra por exceso, tienen la excusa perfecta para que no se cambie nada, para que la gente no luche por nada. El factor humano al final prima: la ideología, el localismo, el interés propio, la mezcla en definitiva que hemos mamado a caballo entre lo judeo-cristiano y lo tribal.


Y es que si apenas ha cambiado nada por algo será. Todo se rige bajo los mismos parámetros y por tanto sólo queda la continua confrontación vana y la discusión estéril. Porque la cuestión no es qué hacer, sino cómo. Pero al final, en el fondo, eso no interesa, ni a los poderosos ni al pueblo llano, sencillamente porque se ha creado una maraña perfecta basada en algo casi infalible: casi todos tenemos algo que perder y a casi todos nos han educado para pasar el tamiz ideológico-tribal a todo.


Cambiar las cosas requiere sacrificio, solidaridad, pero también procesos y maneras de actuar que a muchos les pueden parecer radicales. Si no, será imposible que nada cambie; el bucle seguirá; los 'progres', fachas, nacionalistas, localistas... todos tendrán argumentos que esgrimir y todo será respetable y por tanto repercutirá en el resto. Serán las mismas discusiones, los mismos rituales, las mismas actitudes, las mismas esperanzas, los mismos vanos resultados. Porque la única realidad es que esto es insostenible; la única realidad es que un nuevo orden debería llegar, exigir que llegara, luchar porque llegara. 


La única esperanza es construir desde cero, que gobiernen los mejores, que se eduque sí o sí a aquellos que siguen basando su vida en ideologías caducas e instituciones obsoletas, en intereses y costumbres incompatibles con una sociedad moderna y civilizada. 


Comenzó un nuevo curso político y nada nuevo bajo el sol. 
El verano toca a su fin y volvemos con renovadas fuerzas y esperanzas. Un verano más de playas abarrotadas, paellas humeantes, terrazas llenas de conversación, de proyectos y miedos. Todo apunta a que el momento se acerca. Todo indica que, aunque se está alargando, la fiesta toca a su fin y un nuevo tiempo se acerca; este otoño será el prólogo. Muchos lo dicen, pocos lo tienen en cuenta o al menos esperan acontecimientos. Seguimos con nuestra vida, sin apenas modificar conductas, costumbres e ideas, mientras el mundo se dirige a otra cosa que aún no se vislumbra con claridad. Si a eso añadimos que los primeros pasos pequeños o grandes ya se están dando, como por ejemplo la reforma constitucional para el control de déficit y lo digerimos como una noticia más, nos da una idea del limbo en el que aún moramos. 

Más control, directrices supranacionales, modelo productivo que no absorberá la mano de obra parada, escasez de crédito, deudas impagables, etc, etc. Vale, todo eso es cierto y lo que nos queda pero abogo por defender, remitiéndome a otras épocas críticas, el vaso medio lleno, el horizonte de oportunidades aunque sólo se vea un desierto yermo. Sí, sabemos que quedará impune mucho chorizo, que pagan justos por pecadores pero si no se cambia la actitud, el chip que se dice hoy en día, se seguirá fuera de juego y darás la razón a aquellos que dicen que cada uno tiene lo que se merece.

Veamos: la crisis crea nuevas oportunidades, te hace cambiar de vida y eso suele ser positivo a tenor de cómo lo hemos hecho individual y colectivamente estas décadas; la crisis hace desaparecer lo superfluo para dar protagonismo sólo a lo esencial y necesario; la crisis agudiza el ingenio, te hace ser más competitivo, querer aprender más, socializarte más, indagar, buscar, preguntar...; la crisis abarata costes y surgen infinidad de descuentos, las cosas empiezan a costar lo que valen y no lo que la gente está dispuesta a pagar por ellas; la crisis, en definitiva, te hace soltar lastre, deshacerte de lo innecesario y salir de pozos en los que tú mismo te metes en tiempos de bonanza; es aire fresco, renovado, aunque huracanado; aguas nuevas aunque bravas. 

Ya sé que cada caso es un mundo y mucha gente que está sufriendo puede ver esto como absurdo. No lo es, por la sencilla razón de que el sufrimiento implica inteligencia y ésta siempre mira hacia delante y está al acecho; porque paradójicamente, al igual que el respirar te da la vida pero a la vez oxida tus tejidos y te lleva a la muerte, el sufrimiento es el peaje por la inteligencia pero la mejor arma para seguir adelante y reinventarse. 
Ha pasado un mes desde el último post. Volveré a hablar de lo mismo. Durante estas semanas se ha mantenido e incluso intensificado el Movimiento 15-M. Algunos esperaban que se disolviera como azucarillo. Otros, entre los que me incluyo, pensábamos y anhelábamos que fuera a más y que no se limitaran a asambleas y sentadas, sino que se trasladaran a los centros físicos de poder y empezaran a presionar. Así ha sido, con las correspondientes reacciones.


Resulta curioso cómo actúa el ser humano. Tenemos tan interiorizados todos los comportamientos adquiridos y todos los mecanismos de limitación que si no fuera porque unos pocos nos atrevemos a mirarnos desde fuera se diría que es hasta lógico. Pero no lo es. Parafraseando a los indignados: lo llaman sentido común y no lo es.


Nada que decir (en este sentido, claro) de aquellos que desde el principio no apoyaban y/o vilipendiaban este movimiento. Serán lo que sean, más o menos conservadores, más o menos retrógrados, más o menos tradicionales, más o menos de la vieja escuela, pero al menos dicen lo que piensan abiertamente y no se separan una coma de sus convicciones, por otro lado interesadas, como las de casi todos. Se les ve venir, vaya.


Pero si hay algo que no aguanto es el doble rasero, la hipocresía, el sí pero, el hasta cierto punto y demás chorradas que sólo (ya es mucho) sirven para ver el plumero a los sujetos. Y es que todos somos muy progres, todos estamos muy a favor del cambio, de la justicia y bla, bla, bla mientras todo es políticamente correcto, moderado, mientras no afecte a tu entorno o no veas que la cosa se puede poner chunga. Entonces aflora la cobarde y cómoda vertiente del así no, del respeto por, del hay otros medios. Un clásico imperecedero. A ver, lumbreras: ilustrarnos con esa cuadratura del círculo de cambiar las cosas sin hacer nada salvo salir a la calle y dar unos gritos, o peor aún, cómo hacéis vosotros, de ser críticos y posicionarse en uno otro lado según vaya la feria. 


Pero no. Igual me estoy confundiendo. ¿No será que en realidad son los mismos perros con distinto collar? Al final ¿qué diferencia hay entre un tertuliano de Intereconomía y otro de La Sexta? Me temo que sólo matices limitadores, es decir, cada uno llega a donde puede o tiene que llegar en virtud de su estatus ideológico, profesional y económico. Punto. Al final TODOS se indignan con los indignados, les dicen que por ese camino no, les conminan a no profanar las instituciones, a no insultar a todos aquellos servidores de lo público elegidos democráticamente. Qué bueno. En definitiva, entre líneas, a que la metas pero sólo la puntita, no sea que después de todo vaya a cambiar algo de verdad, que vaya a haber alguna movida y no pueda seguir con mi vida guay de comprometido de barrio bien con piscina y jardín. 


Desde este humilde foro les pido a todos ellos que, por favor, nos iluminen con su sabiduría y moderación y nos indiquen cómo hacer para cambiar las cosas sin cambiar el marco, cómo echar a tanto sinvergüenza con respeto y escrupuloso seguimiento de la ley, cómo hacer un mundo más lógico y justo reverenciando sin matices esta supuesta democracia. No me lo digan porque les he calado. No me lo van a decir no porque no lo sepan sino porque en el fondo no lo quieren. Todos, incluido yo, tenemos algo o mucho que perder, todos en mayor o menor medida, incluso la mayoría de los indignados, tienen una línea de código programada, la que indica que hasta aquí. Sólo el futuro dirá qué limite tiene el sistema para que se rompa por uno u otro lado. De cualquier forma es un juego donde para que uno gane el otro tiene que perder. A no ser que cambiemos las reglas.


Llamadme revolucionario o mala persona; llamadme agitador. Pero ojalá me equivoque. Ojalá todo esto vaya a más. Bueno, de hecho es muy probable que siga yendo a más porque (y en parte es por lo que al final a todos se les ve el plumero y van juntitos de la mano: periodistas de derechas e izquierdas, políticos, artistas, grandes empresarios, etc.) se va confirmando la insostenibilidad de este sistema. Ahora bien, por muy insostenible que sea algo, si no hay una fuerza que lo derribe puede permanecer en pie indefinidamente. Será insostenible pero quien más y quien menos hemos sacado tajada, aunque fueran migajas, unas migajas para las que nos educaron considerándolas privilegiadas. Hasta ahora ha cuadrado.


¿Recuerdas aquella película llamada La invasión de los ultracuerpos? Pues eso...


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Así que poco más me ocuparé seguramente de este tema, ¿para qué? Lo único que nos queda es seguir pataleando y comentando por aquí progresos y logros científicos, tecnológicos y sociales que espero sigan siendo de vuestro interés. Espero que aprendamos de esos ultracuerpos y, ya que con luz y taquígrafos no va a poder ser ante tanta estupidez, ir inoculando en la sombra la semilla de lo bueno y justo.
Ríos de tinta y de bits. Las redes sociales para algo más que fomentar el narcisismo. Por fin hemos entrado en una nueva fase de esta crisis sistémica, la de la indignación y la acción a través del movimiento Democracia Real Ya, reflejo de una revolución que ya se afianzó como la de Internet. No lo esperaba, al menos tan pronto. Al margen de las sospechas conspirativas de los medios de comunicación de la derecha (que por cierto suelo seguir porque hay que informarse desde la pluralidad y no desde una ideologización sectaria, además de tener a veces hasta razón, no en este caso) creo firmemente en la veracidad de sus intenciones.



La única manera de convertir los anhelos en logros pasa siempre por la lucha individual o grupal. En este caso acabar con tantos atropellos y abusos depende de uno mismo pero también de la unión. El verse rodeado estos días de tanta y tan variada gente te cambia el chip, te empuja a la ilusión pero también a ciertos miedos:


la ilusión de que otro mundo es posible;
la ilusión de que por fin se pongan los pilares hacia un cambio de verdad;
la ilusión de que las propuestas que se están debatiendo estos días (cambio de la Ley Electoral, del sistema financiero, del inmobiliario, de la educación...) se vayan haciendo realidad.


Pero también:


el miedo a que esto quede en agua de borrajas, a que no vaya más;
el miedo a que al final los protagonistas sean como casi siempre las facciones más radicales de la sociedad, los que en realidad sólo buscan dinamitar algo sin construir nada;
el miedo a que, consiguiéndose cambios en el futuro, sólo signifiquen pequeños logros que no servirán para cambiar el sistema desde los cimientos, como hace falta, y que mientras lo que se haga mal o bien sea de "izquierdas" nos valga.


Hablando estos días en Sol con gente, sobre todo jóvenes universitarios, coincidíamos en la mayoría de las ideas pero ¿y en cómo lograrlas? Las utopías son posibles pero desde el sacrificio y desde la implicación primero personal y luego de grupo. Me comentaba uno de estos universitarios, estudiante de Filosofía, que la base de todo es que cambien las personas. Así es: cada una de las propuestas que están saliendo a la luz son lógicas y necesarias pero implican una hoja de ruta, un trabajo que nada tiene que ver con sentarse en corrillo delante de una cerveza y un porro.


Pero no seamos demasiado críticos cuando esto acaba de empezar. Esperemos acontecimientos y confiemos en que por una vez algo cristalice en hechos concretos y eficaces, en caminos asfaltados hacia una sociedad más justa, lógica y eficaz, libre de privilegios, de derechos por decreto y no adquiridos por mérito, de recursos y tecnología malgastada. En este sentido espero encontrarme en Sol con compañeros del Movimiento Zeitgeist, del que recientemente formo parte y que están asistiendo asiduamente a esta acampada, y debatir sobre ello. Y es que para mí y para plataformas como ésta lo que está ocurriendo sería sólo la fase cero de un proceso largo hacia una verdadera sociedad avanzada. Pero esa es otra historia con capítulos por escribir aún en este humilde blog.


Lunes, 23 de Mayo de 2011. Las elecciones autonómicas y municipales habrán pasado. A pesar de todo sabemos que el bipartidismo, las dos caras de una misma moneda, se habrán repartido de nuevo el pastel en forma de piel de toro. Ninguna de las propuestas colgadas de hilos y escritas en papeles y cartones habrán sido implementadas, ni siquiera tenidas en cuenta aún. Todos los elegidos por los millones de votantes que siguen con su aborregada y/o acomodada vida tomaran sus cargos. Los bancos seguirán a lo suyo, los especuladores también, y los hijos de, los sobrinos de... Vale. Será así. Pero si lo que estamos viviendo estos días no se apaga, si se sigue avanzando, al menos empezarán a dormir peor. Porque afortunada o desgraciadamente tenemos algo a favor, jugamos con una "ventaja": que el sistema, como rezan uno de los carteles de Sol, está herido de muerte y que cuando eso ocurre, sólo hay una solución.
Despedimos el 2010 en apenas unas horas y en un ejercicio de originalidad toca hacer balance y al mismo tiempo vislumbrar lo que nos deparará el 2011 y qué hacer para evitarlo...

No sólo se nos va un año sino una década: la primera de un siglo que auguraba grandes cosas y que poco a poco está tornando en una época oscura que probablemente marcará un punto de inflexión en el devenir humano. La incógnita es si será un punto de impulso o de retroceso.

2010 pasaría a la historia como un año de crisis si no fuera porque el año anterior también lo fue, y es más, el que casi abrazamos ya va camino de lo mismo. Apenas nos damos cuenta de que nos hemos acostumbrado a esta situación a tenor de la escasa o casi nula respuesta de la opinión pública, más allá de los cauces y tonos habituales. Las crisis sistémicas, como es ésta que nos ocupa, no son "baches" que se sortean o se pasan por encima y listo. Son el final de un camino que te obliga a saltar al vacío o dar la vuelta. ¿Qué haremos?...

Por ahora parece que esperar, tanto víctimas como verdugos. Una guerra fría que cada vez se calienta más; un modelo que parecía insumergible pero que se ha topado con un iceberg que sólo muestra por encima de la superficie una parte de todo su volumen.

El 2010 no ha hecho sino confirmar un secreto a voces. En vez de abandonar el barco para salvarnos seguimos achicando el agua. Los errores y abusos de unos pocos lo pagan los demás y sin rechistar por ahora: impuestos, recortes, jubilación más tardía, economías intervenidas, llamamiento a "arrimar el hombro". La tripulación y los camarotes de primera quieren salvar el culo a costa del pasaje de segunda y tercera. Todavía creen que la nave es salvable y lo que es peor, los que van a ser sacrificados también.

Muchos analistas ya advierten de que el proceso sigue su curso, imparable, y que tarde o temprano hasta los más dóciles darán un golpe en la mesa y se echarán a la calle (está ocurriendo ya en Reino Unido, Francia o Italia pero aún son sólo ligeros arañazos). No obstante, a tenor de lo que se ve tecleando "lo que nos depara 2011" en Google, no parece haber demasiada preocupación: tendencias de moda, horóscopos chinos, novedades en consolas y series de televisión...

Todo apunta a que 2011 será más de lo mismo. El proceso es lento pero seguro, acostumbrándote poco a poco a algo que anteriormente no veías normal. Ninguna hecatombe se cierne sobre nosotros y como los hidalgos de las novelas de caballería podemos seguir alzando nuestro porte obviando cualquier atisbo de decadencia.

En definitiva, un sistema que toca a su fin, pero ¿en todo el planeta? Hay una denominación llamada BRIC, que engloba a casi la mitad de la población mundial (Brasil, Rusia, India y China) a los que les ha llegado su momento tras una "era europea" que ha dominado el devenir mundial desde el Imperio Romano. Que sea un sistema imperfecto no significa que sea malo, al menos para crecer sin pensar en el mañana. Nosotros lo hicimos; ellos reclaman ahora su derecho y lo están haciendo con ahínco y esmero.

El mundo occidental, o mejor dicho el europeo, ya que los principales países desarrollados fuera de Europa no son otra cosa que antiguas colonias, sigue por tanto sirviendo de modelo. No obstante ya no seremos los protagonistas. Mientras vemos prosperar a los otrora parias nos consolaremos viendo que nuestro modelo aún está vivo. Lo malo es que es insostenible para todo el planeta. Es un juego en el que para que uno gane el otro debe perder... Las cumbres climáticas no hacen sino confirmarlo.

¿Será demasiado tarde para rectificar? No, sólo habría que modificar unas pocas cosillas sin importancia, a lo que no parecen estar dispuestos ni nuestros políticos ni nosotros mismos:

1º Un radical cambio de modelo educativo: una sociedad sin la adecuada educación tiene un cáncer terminal. Sin la base educativa no hay posibilidad ni de plantearse el resto. Con ella, se podría abordar

2º un no menos radical cambio de modelo político, basado en el gobierno de los mejores. Conseguido el marco político se podría abordar

3º una limpia total de la corrupción, estupidez e ineficacia en todos los órdenes (legistlativo, judicial, social...). Conseguido esto se podría abordar al fin

4º la instauración de un sistema basado en la justicia, la efectividad tecnológica y la realización humana.

No es tan difícil. Sólo habría que dejar de inyectar pasividad en vena y liquidez a bancos y Freddie Maes de turno.

La encrucijada está servida. Las murallas están asaltadas mientras seguimos tomando el té en nuestros aposentos.

Pero dejemos ya el 2010. Miremos al futuro y como apuntaba al principio hablaría de lo que nos puede deparar el 2011: será mucho más breve porque me temo que más de lo mismo. No obstante querer es poder y aunque predique en el desierto quiero empezar el nuevo año quedándome a gusto, así que ahí van mis recomendaciones para capear el temporal, prepararse para el futuro y de paso ser más feliz incluso:

- No te importe el qué dirán ni hagas caso a lo que dice y hace la mayoría. Rema contracorriente y acertarás.

- Trabaja para vivir y no vivas para trabajar. Intenta trabajar en lo que te gusta y si no lo sabes prepárate bien, especialízate o emprende. En cualquiera de los casos, se acabó el estado de bienestar, amigo.

- Huye del crédito y si tienes alguno deshazte de él, especialmente hipotecas. Paga sólo por lo necesario y al contado. Y es que más te valdrá tener movilidad porque te dará la libertad para decidir cómo y dónde vivir, sin depender de un guión establecido que luego puede no ser la última versión.

- Convierte todo lo que puedas en activos, en dinero contante y sonante. ¿Para qué quieres la casa llena de aparatos, dvds, cds, ropa de marca, etc?. Todo está digitalizado y gratis sin ni siquiera tener que descargártelo ilegalmente. No te lo doy mascado, está todo en internet. Encima la revolución cibernética y la propia crisis ha traído toda una oferta outlet, de segunda mano e incluso trueque. ¿Y qué pasa con los que venden, con la oferta, con la vieja regla de fomentar el consumo? Si es que aún no lo ves...

- Vive en definitiva dentro de tus posibilidades. No significa malvivir, al contrario: con los puntos anteriores habrás conseguido el efectivo y la forma de vida adecuada para disfrutar de verdad de las pequeñas grandes cosas, prosperar de verdad y quitarte preocupaciones.

- Enseña a tu familia y allegados estas pautas y poco a poco se logrará un cambio paulatino desde abajo. Si no quieren, no hace falta romper con ellos pero mantén las distancias.

Con todas estas decisiones ya verás como tendrás más tiempo libre, dinero y en el peor de los casos armas para capear el temporal. Vamos, que serás más feliz aunque te dé miedo serlo o pienses que no te lo puedes permitir; de paso pondrás tu granito de arena para que esto empiece a carburar como es debido.

Pueden parecer pautas de locos y desde luego lo son si lo enmarcamos en la coyuntura que hemos vivido desde la Revolución Industrial. Pero el juego ha cambiado y con ello las reglas y las fichas. Bueno, llamadme aguafiestas, aunque creo que ya sería un logro tal denominación en vez de la total indiferencia. Por mi parte ya me estoy aplicando el cuento.

2010 nos abandona y tanto los que ganan en esta timba planetaria como los que pierden o sobreviven, por causas muy distintas, le despedirán con alivio. El 2011 podrá ser mejor o peor pero nunca bueno porque en el peor de los casos todo seguirá igual, esperando una lenta decadencia, y en el mejor la sociedad despertará y se dará cuenta de lo que hay que acometer; entonces el 2010 nos habrá parecido un paraíso.

¿Despertamos?...

Ah, Feliz 2011.
Esta semana se reunieron en Caixa Fórum Madrid varios periodistas para hablar del fenómeno Wikileaks. Entre ellos estaba Javier Moreno, director de El País, el único rotativo español que posee la exclusividad de los documentos filtrados a la web fundada por Julian Assange; los otros afortunados medios son The Guardian (Reino Unido), New York Times (Estados Unidos), Le Monde (Francia) y Der Spiegel (Alemania).



El evento reflejó perfectamente la situación creada y los diferentes posicionamientos y actitudes. Un debate que prometía ser un máster en periodismo comprometido y comprometedor acabó siendo un ejercicio de autobombo, displicencia y cautela. Los periodistas congregados hicieron de políticos y el público asistente de periodistas más que vehementes. Tanto que algunas de las punzantes preguntas quedaron sin respuesta ante la pasividad de los ponentes.

No obstante sí reconocieron que Assange ha revolucionado el panorama informativo, con toda la carga de responsabilidad que ello conlleva. Reconocieron incluso que "es una vergüenza para la prensa que Wikileaks desde su fundación en 2006 haya sacado a la luz más exclusivas que todos los medios juntos en los últimos treinta años". Es más, reconocieron también que el periodismo debe de volver a ser "menos negocio y más servicio público". Bellas palabras que a lo largo de la charla se las llevó el viento.

Nos enteramos para empezar que El País, al igual que Le Monde, no fueron elegidos en principio para la gloria. Javier Moreno admitió que fueron ellos los que buscaron a Wikileaks y que tras unas conversaciones llegaron al acuerdo de fijar una agenda de publicación de parte de los 250.000 documentos que componen los Papeles del Departamento de Estado. Ha sido la última filtración de una sociedad que acumula ya 1,2 millones de documentos comprometedores, desde un manual de procedimiento militar de la base de Guantámo hasta fotos y correos personales de Sarah Palin. Sus fuentes: al parecer mayoritariamente funcionarios, militares y empleados.

Pero esto no es nuevo en realidad. Wikileaks lleva dando guerra desde 2007. Los Papeles del Departamento de Estado es el último pero más mediático misil a la línea de flotación diplomática y política. Su objetivo y misión son claros: todos los secretos, a todo el mundo.

Con todos estos antecedentes es hasta cierto punto lógico el revuelo provocado y la ilusión generada, máxime en estos tiempos convulsos y de cambio. Para muchos era la "revelación" esperada y Julian Assange el mesías largo tiempo anhelado. En parte se respiraba ese ambiente en Caixa Fórum y las incisivas preguntas lanzadas por alguno de los asistentes no hicieron sino confirmar esa impresión. La gente ve en este renacimiento del periodismo de investigación una vasta trinchera desde donde lanzar una ofensiva que pocos en realidad sabrían por qué, cómo y dónde iniciarla. Somos hijos de una época acomodada y protagonistas de otra diametralmente opuesta. Queremos cambios pero desde nuestro sofá y con una buena conexión de ADSL. ¿Será Julian Assange el camino o sólo un punto de partida a seguir? El tiempo lo dirá.

Mientras tanto a un lado unos medios de comunicación y unos periodistas contentos pero cautos, señal muy elocuente de la fe en las ventas y de la incertidumbre en las consecuencias. Tanto que el director de El País llegó a afirmar que en toda esa maraña de documentos oficiales y secretos no íbamos a encontrar grandes pelotazos informativos y que de hecho lo más significativo ya había sido publicado. Al otro lado los gobiernos y grandes corporaciones esperando que pase esta tormenta y la opinión pública esperando todo lo contrario. ¿Hacia qué lado basculará la prensa? Su "nadar y guardar la ropa" e incluso sus atronadores silencios durante el turno de preguntas me hace sospechar...

La crisis económica sistémica que padecemos necesita proyectos como Wikileaks y personas como Julian Assange o quizá sean sólo fruto de la propia crisis. No lo creo. El propio Assange ha reconocido que el objetivo final de esta cruzada no es en sí la revelación de secretos sino conseguir a largo plazo "un cambio radical y generalizado en la sociedad". A través de esta transparencia informativa pretende trasformarlo todo desde arriba. El secretismo es la base de la dominación y la corrupción, convirtiéndose en el buque insignia de la acción política (en Estados Unidos se generan diariamente veinte millones de documentos secretos, como señaló uno de los contertulios). Los intereses geoestratégicos, energéticos y económicos sientan a la mesa a los gobiernos y corporaciones más poderosos. El banquete es diario.

Las cartas están sobre la mesa. La partida ya ha empezado y son varios los jugadores. Estamos en el principio y no sabemos aún quién tiene las mejores cartas o si hay ases guardados en la manga. Por ahora Assange ha podido superar el momento crítico de su encarcelamiento, ha conseguido zafarse de una melé creada sin disimulo para cercenar el alma de Wikileaks y desviar la atención. Un clásico. Una jugada tantas veces vista, con cartas simples pero eficaces. El poder no tiene imaginación porque no le hace falta, tienen el poder. Ahora está por ver si Julian Assange, sus colaboradores, donantes y simpatizantes (algunos de ellos artífices directos de su liberación con el pago de la fianza) tienen la capacidad e intención de continuar con el órdago.

Las premisas son alentadoras, no ya para seguir disfrutando de ese periodismo cada vez más en desuso y que seguirá alimentando en los próximos meses más o menos sesudos debates. Lo que falta ahora es una implicación social: los documentos están ahí, tú eliges si los lees mascados o te conviertes en uno más de los periodistas que están desgranando cada documento, sacas tus conclusiones, te quitas el polvo acumulado y te unes a en mi opinión el tan necesario objetivo de cambiar radicalmente la sociedad como pretende Assange.

Con sus luces y sus sombras el alma mater de Wikileaks se ha postulado como el primero que da un golpe en la mesa de la crisis y muestra una forma de acción para alcanzar un fin; alguien que propone algo dando las bases, proporcionando material e indicando un camino a seguir; alguien que está sacando partido de una nueva forma de rebeldía, hecha de unos y ceros, que nos está invitando a usar la revolución tecnológica que estamos viviendo para hacer algo útil, para volver a la senda del compromiso y evitar la paulatina narcotización social. Veremos si el medio cibernético es ese gran aliado o se convierte con el tiempo en tormenta que haga naufragar el proyecto. Puede ser la llave que abra el resto de puertas o la maza que las tire abajo. El factor tiempo y el factor humano dirá. La conferencia de Caixa Fórum decepcionó y la decepción es una de las semillas de la acción.

Mientras, los que sí están haciendo su trabajo son los servidores operando desde un búnker antinuclear de Estocolmo. La verdad saliendo a la superficie. Da para muchas metáforas y literatura, para muchos titulares y curiosidades. Espero fervientemente que no quede todo en eso. Espero que la pluma gane a la espada.
Vivimos en una burbuja con ropajes de libertad, pero como el recién nacido, como el Neo de Mátrix, tras los primeros azotes y algunas lágrimas se muestra ante tí el mundo real aún sin conservantes ni colorantes. Puedes elegir la pastilla, no todo está perdido. La base de nuestro sistema democráctico se basa en decidir no decidir verdaderamente, en seguir detrás de los barrotes con las llaves puestas. Los logros parciales nos impiden ver el bosque del fin verdadero, mientras la falsa política y el puro poder financiero nos atrapa sin ofrecer apenas resistencia.


Casi sin darnos cuenta, la podredumbre va en aumento y nada parece hacernos reaccionar. Bien aleccionados y narcotizados, todos seguimos con nuestras rutinas y "disfrutando" de nuestra aparente libertad y democracia. Vamos a hablar precisamente de eso: de cómo en un sistema aparentemente democrático y en colaboración con los medios controlan nuestras vidas sin percatarnos o querernos percatar.

La democracia tiene muchas definiciones, pero en esencia es o debería de ser participación. En origen fué así, pero democracia y capitalismo salvaje no casan, salvo que una de ellas se prostituya para la otra. El modelo capitalista que actualmente se está agotando tal y como lo hemos conocido se ha exprimido bien gracias a un modelo tramposo donde la gente se ha creído representada y con capacidad de decidir, pero ¿decidir qué? ¿Al candidato más trepa y hábil, con un buen asesor de imagen y un gran aparato propagandístico? Eso no suena muy eficaz ni democrático, pero funciona, porque nuestra domesticación educativa y mediática está adaptada perfectamente al momento urna.

Un informe de la ONU de 2002, "La calidad de la democracia en el mundo", contabilizaba 82 democracias en el planeta, y hacía una defensa a ultranza del sistema como garante de los derechos humanos y el bienestar general, además de como muralla ante la pobreza, la violencia o el subdesarrollo.

Nos regocijamos por tales logros, pero sin pararnos a reflexionar en el origen: las guerras mundiales, el colonialismo, la dogmatización de pensamiento, la necesidad de una fuerte clase media que sustente el sistema económico liberal... Si hablamos de logros sociales, sea cual sea su causa, también Cuba o Venezuela, de los que hablaremos ahora, tienen sanidad y educación pública, por ejemplo (en el caso de Cuba a pesar del bloqueo).

En la web de la UNED se puede ver un interesante documental donde aborda el poder de las grandes empresas y corporaciones. El sistema creado especialmente tras la 2ª Guerra Mundial fué, más allá de teorías conspiratorias, un intachable escenario donde la aparente protagonista era la democracia y el actor secundario la economía, cuando en realidad ha sido al revés. Ante tal puesta en escena es difícil resistirte y no puedes por menos que tomar parte. El problema radica en que tal modelo se está agotando y la gente está empezando a dudar, como Neo, entre una pastilla u otra. Toda la buena voluntad que aparenta en el documental la RSC (Responsabilidad Social Corporativa) es sólo, al menos por ahora, una utopía o una cortina de humo.

Podría parafrasear a Nietzsche y sustituir Dios por Democracia, pero no lo haré porque algo que no ha exisistido aún en realidad no puede morir. Tampoco exageraremos como Schopenhauer y diremos que "los hombres vulgares han inventado la vida en sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos" (me gustan las citas como sabéis porque en cuanto a palabras sabias hace tiempo que está todo dicho). Tiene parte de razón, pero al final este sistema ha hecho que empecemos a no soportarnos tampoco entre nosotros.


No soy sospechoso de tener debilidad por el populismo o ciertas formas de hacer política. Además, como insisto una y otra vez para que no se me olvide el motivo de este blog, intento quitarme toda influencia acumulada gracias a este sistema que tanta caña le doy, aunque tantas buenas cosas aparentemente nos ha dado. Buceando de hecho en tales páginas y usando como guía el libro de Pascual Serrano, te encuentras con datos muy reveladores y silenciados por los medios (aunque este punto manipulador lo dejaremos para otra ocasión; de hecho el libro va de eso).


Portada del libro

Nuestra idea de democracia, si es que tenemos alguna, se limita a acudir cada cuatro años a depositar la confianza en un candidato elegido a dedo o en un congreso extraordinario y que gracias a una engrasada maquinaria de márketing y una estudiada presencia mediática nos entra por los ojos, sin saber ni preocuparnos por saber quién es, qué ha hecho anteriormente y cuáles son sus cualidades más allá de las obvias (buena presencia, labia y sonrisa estudiada). Suena simplista, pero es así. Es más, se fomenta el bipartidismo para acrecentar esa sensación de fanatismo Madrid-Barça, uno u otro, blanco o negro, conmigo o contra mí. Es decir, fomentan nuestro poder de decisión restringiendo al máximo las opciones, que en realidad son dos caras de la misma moneda.

Lo fácil es decir que es mejor eso a que uno solo se autoproclame gobernante e imponga su ley. El consenso aquí no existe, sí, pero en la clase de democracia que tenemos tampoco. Es cuestión de matices, aunque sean varios muy gordos reunidos en una constitución. Mirad más allá. Resulta que en un país como Venezuela hay tantas elecciones y referédums como en un país etiquetado como democrático: 1998 nombrado presidente, 1999 se aprueba por referédum la constitución con una 71,9 % de apoyo, y así varios comicios hasta la actualidad. De hecho, resulta que es el segundo país con mayor satisfacción democráctica según el Latinobarómetro . Ver para creer.

¿Y Cuba? Pues un país donde no existen los partidos, no, pero porque cualquiera puede presentarse a los comicios. Un país donde está terminantemente prohibido cualquier forma de campaña, sí, porque no es necesario dinero alguno ni contar con apoyos, influencias o intereses privados.

Su imagen de pobreza persiste cuando según el Índice de Desarrollo Humano de la ONU ocupa el puesto 51, siendo el mejor situado de Centroamérica y Caribe (sólo superado por una Costa Rica que no sufre de ningún bloqueo económico, más bien al contrario).

¿Y qué pasa con los abusos de poder, los disidentes, el control mediático, la violencia? Por supuesto, como pasa en España, o en Francia, o en Dinamarca, o en EE.UU., o en Canadá... Sólo hay que preocuparse por echar un vistazo al informe de 2008 de Amnistía Internacional sobre los derechos humanos (concretamente en Europa). Claro hay que buscarlo o leer dónde buscarlo, porque en los medios diarios que nos tragamos no va a aparecer.

Otra curiosidad es cómo el concepto decreto-ley nos parece bien en España pero mal en Venezuela, siguiendo con la comparativa. Al final son leyes impuestas por un supuesto interés general. Eliminar el latifundio para repartir tierras entre los campesinos y crear cooperativas nos parece justo, creo, pero si digo que tales decretos los firmó Chávez ya no somos quizá tan objetivos (yo el primero a veces). Pues sí, 49 decretos nada menos en 2001 para erradicar tal injusticia social. En España, en cambio, aún hay nobles que encima se benefician de tributos basados en leyes feudales aún en vigor.

Así somos. El etnocentrismo nos lleva a ver las cosas distorsionadas e incluso entre países de similares características en teoría. Comparemos ahora a la hundida Venezuela con la próspera democracia colombiana:

Ambos países, como todos los del planeta, adquieren armamento, pero siempre es el país de Chávez el que aparece en los medios por este tema. Sin embargo, resulta que Venezuela es uno de los países latinoamericanos con menor gasto militar (1,6 del PIB), frente a los líderes, casualmente las democracias de Colombia (3,7 del PIB) y Chile (3,8). No digamos ya las estadísticas de muertes violentas, corrupción política (empezando por el presidente Uribe) o desigualdades sociales (ver Calvo Ospina).

La democracia suele ser sinónimo de crecimiento económico, pero aunque así sea ¿a qué precio? Normalmente muy alto y más en países en vías de desarrollo, ya que al intentar atraer inversión continuamente pierden ciertos derechos. Acaban fabricando sólo para exportar. Nosotros lo vemos bien porque así empezamos en su día, para ahora enorgullecernos de nuestros logros y calidad de vida. De cualquier forma, las estadísticas no mienten, y mientras que en Colombia aún viven 11 millones de personas en la indigencia, con un alto índice de analfabetismo (aún siendo uno de los países del mundo con más riquezas naturales y de materias primas), en Venezuela se ha pasado en diez años de un salario mínimo de 36 dólares a 238 en 2006; la tasa de paro pasó del 15,3 al 9,6 (vaya, la mitad que en España); fué declarada en 2005 por la UNESCO libre de analfabetismo técnico (menos del 1%) gracias a un plan educativo llamado Misión Robinson.

¿Por qué no se cuentan estos hechos basados en datos y no en situaciones ideológicas o intereses geoestratégicos? Todo se va tejiendo en una madeja que nosotros vamos sosteniendo. La URSS creaba dictaduras satélite y EE.UU. crea democracias artificiales como Colombia, ¿qué diferencia hay? La diferencia es que países como Colombia siguen bailando a su son y al del FMI. Organismo del que por cierto salió Venezuela (otros como Brasil o Argentina se lo están pensando), pasando de prestatario a prestamista de otros países en desarrollo, quitándole "cuota de mercado". Será por eso que ya este organismo apenas presta a América Latina.

Podríamos seguir desempolvando nuestra anquilosada capacidad de análisis, narcotizada por un orwelliano sistema donde todo está etiquetado y mesurado, donde no te dejan pensar porque te tienen ocupado full time. Hay más ejemplos en Asia e incluso África. La democracia no se crea ni se alcanza por consenso de los poderosos. La democracia se debe ganar y se debe ejercer. Para avanzar a veces hay que retroceder un paso para darte impulso. Pensadlo.

Se impone crear un modelo nuevo, participativo de verdad, justo y a la vez recto, eficaz, acorde al nivel tecnológico que se va alcanzando. Estos párrafos no significan posicionarse en nada salvo en el absolutismo de los hechos y de los datos y el relativismo de sus interpretaciones.
Balzac dijo una vez muy acertadamente que "la resignación es un suicidio cotidiano". Estoy de acuerdo, no hay más que ver las caras cuando salgo a la calle. Aún así, esas caras no coinciden luego con sus discursos, opiniones ni actos. He insistido aquí alguna vez, y lo reitero, que culpables les podemos buscar y encontrar en casi todos los ámbitos, pero hay que empezar por uno mismo. Cuando diagnosticas el problema, encuentras su solución y aún así persiste, es que lógicamente no se está haciendo lo que hay que hacer. Lo fácil o difícil, según se mire, es culpar a los máximos responsables, a los políticos, a los economistas, a los empresarios, a los sindicatos, a los medios de comunicación, pero que yo sepa todos ellos, por más poder que tengan, necesitan de todos nosotros para existir, de nuestros votos, de nuestro trabajo, de nuestra credulidad, de nuestro inmovilismo.

Queremos que las cosas cambien pero no hacemos nada para cambiarlas; es más, alimentamos los argumentos con los que pretendidamente queremos luchar. Vagamos por el desierto y en nuestra desesperación vemos oasis irreales, espejismos de unos anhelos que nunca llegan, sin otra salida que seguir avanzando bajo el tórrido sol. Obligación y a la vez ilusión. No puedes ni quieres parar. Tu camino es calvario pero antesala de un paraíso según tú próximo.


Pero no os preocupéis, no toda la culpa es nuestra. El Sistema hace muy bien su trabajo: todo encaja para que cada mañana nos levantemos y le abracemos. Hace agua por todas partes, pero parece el único modelo posible y nosotros nos lo creemos, porque no obstante tenemos nuestro pan y circo elevado a la enésima potencia. Nos lo creemos porque podemos criticarlo abiertamente y es más, pensamos que podemos cambiarlo (no en vano vivimos en democracia ¿verdad?); nos lo creemos porque hay una aparente pluralidad informativa que vigila el cotarro, el cuarto poder, pero no se especifica nunca si está al margen de los otros tres o es el cuarto brazo del Sistema. Nos creemos todo y criticamos todo al mismo tiempo, sin criterio, como hacen los que nos gobiernan en cada minuto de nuestra vida, precisamente porque somos causa y consecuencia de ese sistema, un círculo perfecto en el que somos indispensables y a la vez innecesarios, cómplices y víctimas, mérito de ellos y permisividad nuestra. Y es que:
  • Criticamos continuamente a los políticos por su ineptitud e inmovilismo, pero no nos damos cuenta de que es fruto de una falsa democracia en la que seguimos participando cada cuatro años con cargas ideológicas desfasadas.
  • Criticamos continuamente a los empresarios por su injusticia laboral, pero no nos damos cuenta de que es fruto de nuestra rancia mentalidad de asalariado esperando el espejismo de una vida mejor, con lo que seguimos participando como el que más en la mentalidad empresarial que queremos denunciar.
  • Criticamos continuamente a los economistas y especuladores financieros por su oscurantismo y falta de escrúpulos, pero no nos damos cuenta de que es fruto de un sistema sostenido por nuestra forma de vida basada en la promoción sacrificando tu calidad de vida, en el vivir de las rentas sacrificando tus potencialidades, o en el dinero fácil sacrificando la solidaridad y la ética.
  • Criticamos continuamente a los sindicatos por sus contradicciones y acomodamiento, pero no nos damos cuenta de que es fruto de un sistema laboral que viene de la lejana revolución industrial, cuando no anterior, con lo que seguimos reivindicando derechos y avances incompatibles con una nueva era de la que queremos sacar tajada pero no adaptarnos.
  • Criticamos continuamente a los medios de comunicación por sus posicionamientos partidistas y su información sesgada y manipulada, pero no nos damos cuenta de que es fruto de una libertad de expresión tan particular, que al final va contra los principios en los que parece basarse. Nos creemos todo lo que nos cuentan porque sí o porque no hay tiempo para buscar la verdad de los hechos o porque nos interesa o porque nos han educado así, es decir, han hecho bien su trabajo.
  • Criticamos, en definitiva, el sistema día tras día, pero no nos cuestionamos su existencia, porque nos ha dado tantos disgustos como coartadas, como ese padre exigente con los horarios, que nos da un cachete de vez en cuando, pero que nos protege de cualquier contingencia y nos da techo.
No quiero extenderme más, porque en futuras entradas abordaremos más pormenorizadamente estos temas, pero el mensaje es claro: tal como están las cosas, no podremos cambiarlas si seguimos las reglas del sistema que pretendemos criticar algunos y derrocar otros. Aquí surge el concepto de revolución, otra palabra tan mal usada y peor ideologizada. Revolución es luchar contra la involución cuando la evolución no es posible, porque para que hubiera verdadera evolución tendría que haber unos principios y bases sólidas que aún no existen, aunque creamos que sí. Porque el creer que sí las hay nos permite seguir un día a día incompatible con nuestras reivindicaciones. Estar en misa y repicando.


Empecemos a despojarmos del borreguismo falseado con algún que otro balar y a quitarnos la mugre ideológica que antes al menos era acto pero hoy en día no es más que una fachada, una excusa para pertenecer a algo y no hacer.
Hagámoslo y las opiniones vertidas aquí o en cualquier otro lugar tendrán por fin un valor nuevo, lejos de toda contradicción o contaminación, fieles al título de este blog. Quizá seamos pocos, pero al menos el resto verá que no caemos en los mismos errores, en los mismos espejismos.
2009 ha expirado, y con ello la década. El año de la crisis económica, de la crisis de valores, del modo de vida. Un año donde poco se ha hecho para superar de verdad esta etapa pero donde al menos se ha hablado mucho y bien, sin tapujos y con valentía, de cómo pasar a otro estadio de cosas. Pocas voces pero claras, algunas famosas, otras anónimas pero igualmente trascendentales, porque cada nueva voz que se alza contra lo establecido, de un lado o de otro (por el empeño en bipolarizar todo, de posicionarse), es un paso más hacia lo nuevo, lo sabio, lo correcto, lo lógico, lo justo.


Hablar no basta, no cambia nada, faltan hechos, pero los hechos deben ser consecuencia de decisiones meditadas, convencidas, planificadas. ¿Cuánto se tardará en alcanzar esta fase?




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(Mientras escribo estas líneas, mi visitante amigo me mira con escepticismo. Cada vez duda más de que algo pueda cambiar, de que pasemos a la fase I donde él vive. Es cierto lo que digo, pero no es menos cierto que la gente sigue levantándose cada mañana esclavizado por sus obligaciones autoimpuestas, su consumo innecesario, sus promesas nunca cumplidas. El enero de cambio, de loables propósitos, pasará.


"No despertaréis", me dice. "Tenéis ante vosotros todo el potencial para el cambio, pero hay que empezar desde abajo. Empezar por tu propia vida. Ir contra el sistema no significa darse a la molicie o la violencia. Eso favorece el otro lado del problema. Siempre tribales, siempre coherentes en vuestra incoherencia. Nada se ha avanzado en realidad; la ciencia y la tecnología han corrido mucho últimamente pero arrastrando tras de sí todo lo demás."


"¿Qué hacer entonces?", pregunto. "Empezar por ser libre de pensamiento y acción. Sólo así se puede cambiar, se puede avanzar. El sistema está podrido, así que haz que se descomponga del todo. Hace falta una acción global. No tener miedo a cambiar de vida, a crear algo tuyo, a no pagar tributos injustos o innecesarios para que los de siempre sigan como siempre, a luchar por lo que merece la pena en definitiva. Tenéis que superar este anacrónico modelo social, económico y moral, este modelo arcaico, interesado, maquiavélico").

¿Cuánto se tardará en alcanzar esa fase?, me vuelvo a preguntar. Ante sus palabras, me sale un "¿alcanzaremos esa fase?" en voz alta. El visitante amigo hace una mueca y vuelve su mirada hacia la ventana. La vida ahí afuera sigue igual.


Es 2010, la segunda década del siglo XXI ha comenzado. Seguiremos hablando aquí de ese nuevo modelo, de esa nueva fase.
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