Resulta curioso cómo actúa el ser humano. Tenemos tan interiorizados todos los comportamientos adquiridos y todos los mecanismos de limitación que si no fuera porque unos pocos nos atrevemos a mirarnos desde fuera se diría que es hasta lógico. Pero no lo es. Parafraseando a los indignados: lo llaman sentido común y no lo es.
Nada que decir (en este sentido, claro) de aquellos que desde el principio no apoyaban y/o vilipendiaban este movimiento. Serán lo que sean, más o menos conservadores, más o menos retrógrados, más o menos tradicionales, más o menos de la vieja escuela, pero al menos dicen lo que piensan abiertamente y no se separan una coma de sus convicciones, por otro lado interesadas, como las de casi todos. Se les ve venir, vaya.
Pero si hay algo que no aguanto es el doble rasero, la hipocresía, el sí pero, el hasta cierto punto y demás chorradas que sólo (ya es mucho) sirven para ver el plumero a los sujetos. Y es que todos somos muy progres, todos estamos muy a favor del cambio, de la justicia y bla, bla, bla mientras todo es políticamente correcto, moderado, mientras no afecte a tu entorno o no veas que la cosa se puede poner chunga. Entonces aflora la cobarde y cómoda vertiente del así no, del respeto por, del hay otros medios. Un clásico imperecedero. A ver, lumbreras: ilustrarnos con esa cuadratura del círculo de cambiar las cosas sin hacer nada salvo salir a la calle y dar unos gritos, o peor aún, cómo hacéis vosotros, de ser críticos y posicionarse en uno otro lado según vaya la feria.
Pero no. Igual me estoy confundiendo. ¿No será que en realidad son los mismos perros con distinto collar? Al final ¿qué diferencia hay entre un tertuliano de Intereconomía y otro de La Sexta? Me temo que sólo matices limitadores, es decir, cada uno llega a donde puede o tiene que llegar en virtud de su estatus ideológico, profesional y económico. Punto. Al final TODOS se indignan con los indignados, les dicen que por ese camino no, les conminan a no profanar las instituciones, a no insultar a todos aquellos servidores de lo público elegidos democráticamente. Qué bueno. En definitiva, entre líneas, a que la metas pero sólo la puntita, no sea que después de todo vaya a cambiar algo de verdad, que vaya a haber alguna movida y no pueda seguir con mi vida guay de comprometido de barrio bien con piscina y jardín.
Desde este humilde foro les pido a todos ellos que, por favor, nos iluminen con su sabiduría y moderación y nos indiquen cómo hacer para cambiar las cosas sin cambiar el marco, cómo echar a tanto sinvergüenza con respeto y escrupuloso seguimiento de la ley, cómo hacer un mundo más lógico y justo reverenciando sin matices esta supuesta democracia. No me lo digan porque les he calado. No me lo van a decir no porque no lo sepan sino porque en el fondo no lo quieren. Todos, incluido yo, tenemos algo o mucho que perder, todos en mayor o menor medida, incluso la mayoría de los indignados, tienen una línea de código programada, la que indica que hasta aquí. Sólo el futuro dirá qué limite tiene el sistema para que se rompa por uno u otro lado. De cualquier forma es un juego donde para que uno gane el otro tiene que perder. A no ser que cambiemos las reglas.
Llamadme revolucionario o mala persona; llamadme agitador. Pero ojalá me equivoque. Ojalá todo esto vaya a más. Bueno, de hecho es muy probable que siga yendo a más porque (y en parte es por lo que al final a todos se les ve el plumero y van juntitos de la mano: periodistas de derechas e izquierdas, políticos, artistas, grandes empresarios, etc.) se va confirmando la insostenibilidad de este sistema. Ahora bien, por muy insostenible que sea algo, si no hay una fuerza que lo derribe puede permanecer en pie indefinidamente. Será insostenible pero quien más y quien menos hemos sacado tajada, aunque fueran migajas, unas migajas para las que nos educaron considerándolas privilegiadas. Hasta ahora ha cuadrado.
¿Recuerdas aquella película llamada La invasión de los ultracuerpos? Pues eso...
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Pues estoy totalmente de acuerdo con lo que dices: es un juego donde para que uno gane el otro tiene que perder. Esto, que ya anticipó Hobbes (la guerra de todos contra todos) y Rousseau (que aunque decía que los salvajes eran naturalmente buenos también dejó constancia de que la sociedad nos había transformado en unos cabrones) lo explica todo. A pedir (lease las últimas manifestaciones) potencialmente se apunta toquisqui (aún así hay quien le da por culo acercarse al barullo con tanto sol, como yo). A dar (lease todo aquello que cuesta un esfuerzo, como acampar en plan guarro en sol, como afrontar un posible cambio radical de las cosas, etc) solo se apuntan los que tienen nada o muy poco que perder.
ResponderEliminarPor eso, y porque (de momento, que todo se andará) la mayoría de la gente vive bastante bien es por lo que no triunfa demasiado lo del 15M, en el fondo no interesa a la gran mayoría.
Cierto. Yo tengo mis ramalazos de optimismo y pienso que ahora es el momento pero también hay que ser realistas y como dice un amigo mío y señalas tú también el hombres es cabrón por naturaleza o al menos la sociedad le ha hecho así, por lo que quizá sea imposible un cambio radical mientras no cambiemos nosotros mismos, si es que eso es posible. Al final unos por otros llegamos a las mismas conclusiones y al tener cosas que perder o nos quedamos como estamos u optamos por aprovecharnos del sistema que pretendes cambiar. Al final se trata de una lucha por no parecer gilipollas.
ResponderEliminarLa verdad, para mí esto es la 'guerra' por no parecer y que no nos tomen por gilipollas, que 'los políticos' no se crean que pueden hacer lo que les de la gana, y robar/mangonear por todas partes y que no pase nada, que no se crean que pueden pasar cuatro años unicamente insultandose entre ellos pero sin hacer absolutamente nada.
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